Una vez andaba en ayunas todavía por las 15:30 cuando tomé el bus, al lado mío venía una señora con una bolsa monumental directo del KFC, cuyo aroma cargado de especias y crueldad parecía burlarse de mi tragedia, me refugié en el paisaje fuera de la ventana para no llorar. El viaje duró dos horas y media.
Una vez andaba en ayunas todavía por las 15:30 cuando tomé el bus, al lado mío venía una señora con una bolsa monumental directo del KFC, cuyo aroma cargado de especias y crueldad parecía burlarse de mi tragedia, me refugié en el paisaje fuera de la ventana para no llorar. El viaje duró dos horas y media.