Si hay un dios, cada año que pasa estoy más convencido que colecciona trastornos de personalidad… te lo quita todo de a poco, o te demuestra que nunca tuviste lo que creías. Aun así, siempre te da una esperanza extraña, casi cruel, solo para que sigas ahí, por más cansado que estés, persiguiendo nuevas metas, construyendo nuevos castillos de arena. Como un narcisista que aplica refuerzo positivo intermitente en una relación tóxica.
A correr, Melos.





Parece que el demiurgo que juega con esta bola de tierra no busca “mejorarlos”… sólo reproducirlos.